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28 de junio de 2013

¡MOTIVATE...INNOVATE...INTUYE!



En el ámbito profesional, vivimos en un entorno duro y competitivo, en muchos casos bronco y desagradable.
Socialmente luchamos por elevar nuestra calidad de vida y por ofrecer a nuestro ámbito familiar y social un entorno de seguridad, realización y evolución. 

En nuestras empresas estamos en constante competición, no existe la relajación; directamente depende el futuro de las compañías y el de sus accionistas y trabajadores; indirectamente el futuro de nuestra sociedad y de su modelo de vida. 

Aunque muchos no quieran verlo, existe una relación directa entre el éxito empresarial y nuestra calidad y evolución social.

Los últimos meses estamos viviendo un duro aprendizaje: lo hecho en el pasado empresarialmente, no consolida socialmente. Todo aquello que hemos conseguido en el ámbito personal y colectivo lo podemos perder en el corto plazo si dejamos de ser competitivos y eficientes empresarialmente.

En paralelo, en nuestra vida personal, se ha asentado la búsqueda de la seguridad, la tranquilidad y la complacencia. Gran parte de las personas que en su trabajo son exigentes consigo mismas y con su entorno, en el ámbito personal y social pierden ese nivel de exigencia para promover un entorno de falsa seguridad y tranquilidad.

Es como si un premio del éxito

profesional o empresarial consistiese en relajar la exigencia en el entorno personal y familiar. Lentamente hemos contribuido a formar una sociedad que vive alejada de la exigencia de la vida real, asentada en una falsa sensación de bienestar y complacencia.
Los expertos en estos temas dicen que no hay peor situación para la auténtica seguridad que la de “falsa seguridad”. Eso es lo que hemos conseguido asentar en nuestra sociedad; las personas que se han instalado en la falsa seguridad han chocado bruscamente con la realidad de los últimos meses, han sido noqueados por la confrontación a lo real.
Para salir del estado de noqueo social en que nos encontramos es necesario replantearse algunas bases para volver a prestigiar la cultura del esfuerzo, los valores sociales y salir de la mediocridad que nos rodea.
Hoy hacer bien las cosas, hacerlas adecuadamente, ya no es suficiente.
Debemos hacerlas con eficiencia y excelencia, pero también con grandes dosis de motivación, innovación e intuición. Sólo mediante la combinación de ellas seremos capaces de destacar personal y colectivamente de la dinámica de “excelencia unificadora” que invade nuestra sociedad.

Un mal concepto de excelencia es lo que nos unifica y anula nuestra diferencia competitiva, impidiendo que aquello que no tenga tradición, volumen crítico e inercia social o empresarial triunfe, y se asiente.
Ante ello, se presentan tres estrategias o actitudes competitivas: la tradición hay que combatirla con motivación el volumen con innovación la inercia con intuición.
  • ·        Es la motivación por las cosas lo que hará que rompamos la opresión de la tradición. Sin motivación es difícil salir de los entornos de falsa seguridad. Un entorno seguro y tradicional, no otorga motivación.
  • ·        La innovación es como un aporte de energía “extra” que nos permite competir contra las ventajas competitivas de las economías de escala y del volumen. La innovación es un atajo frente a las grandes autopistas construidas con tiempo, inversión y tradición; es el David que lucha contra Goliat…y lo vence.
  • ·        La intuición es el gran antídoto a la inercia; al “siempre se ha hecho así”. Es la inercia social y empresarial lo que hace que no veamos las oportunidades que pasan frente a nosotros. La inercia es como la velocidad de lo cotidiano, aquello que no nos permite ver más allá de lo habitual; la inercia consume tiempo. La intuición es como un sentido que actúa frente a ella, nos enciende las alarmas y nos dice que hay otras formas de hacerlo. Pongamos en nuestras vidas unas dosis de motivación, innovación e intuición.